
La obra
El churro, a la vista.
El Topo I es una madriguera chica y precisa. En 112 m² la cocina se abre al público y el churro se ve hacerse: esa visibilidad es el argumento del local, no un detalle de escaparate. No hay sala para quedarse. El lugar está armado para producir, despachar y salir, delivery incluido.
La planta sigue el recorrido del producto. Cocinas, mesadas y puestos se suceden para acortar pasos; el mostrador concentra la atención. Color, gráfica y el topo de la marca entran en la arquitectura para que el local se reconozca antes de leer el nombre. Floresta queda así como la primera versión de esa idea.
Galería






Decisiones del proyecto
La cocina queda abierta para que la elaboración sea parte de la experiencia y de la percepción de calidad.
Sin área de permanencia: el local prioriza producción, despacho rápido y delivery.
Conservar lo propio. Transformar lo necesario.
El proyecto empieza por entender lo que ya existe. Contanos dónde está, qué programa tiene y en qué momento se encuentra. Respondemos cada consulta personalmente, desde el estudio en Buenos Aires.


